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La corta vida de las flores (Crítica de cine)

Un espectáculo fílmico de singular belleza, capaz de arrojar luces sobre el complejo e intrincado mundo de las relaciones humanas . Gran oferta actoral  de Héctor Aníbal y Judith Rodríguez con Yasser Michelén e Isabel Spencer

José Rafael Sosa

SANTO DOMINGO. La corta vida de las flores, presentada en el VI Festival de Cine Fine Arts 2026,  es una de las joyas del evento que ha dejado impactado al público que ha disfrutado una dirección cinematográfica tan impecable como basada en lo simple, en lo sencillo, lo que funciona sin elementos extraordinarios, técnicos o financieros que lo potencien. Ha bastado hacer buen cine, con honestidad y criterio.,

Lo que logra es tomar un diferendo de pareja (Judith Rodríguez y Héctor Aníbal), uno como millones existen en el mundo, y diseccionarlo a partir de un guion escrito con una visión subjetiva del detalle, interpretado con justeza y sin exageraciones, y captado por una fotografía impecable, enmarcada en una dirección de arte tan sencilla como efectiva.

A la oferta actoral se unen Yasser Michelén e Isabel Spencer.  Ambos con una versatilidad interpretativa tan amplia como consistente. .

La corta vida de las flores parte de lo esencial para entregar un espectáculo fílmico de singular belleza, capaz de arrojar luces sobre el complejo e intrincado mundo de las relaciones humanas y sus diferencias fundamentales.

Cuenta con lo imprescindible para un gran resultado:  un elenco mínimo, locaciones reducidas y un estudio de filmación entre los mejores del país, Lantica Studios, todo ello bajo la conducción de un director que realizó con acierto el trasvase desde la producción cuando presentó, en 2024, su documental sobre el cincuentenario de la filmación en Santo Domingo de El padrino II (Francis Ford Coppola

Este drama psicológico avanza con un ritmo pausado, persistente e incluso inquietante a medida que transcurren sus escenas en un apartamento de clase media alta. La historia se sostiene, esencialmente, en tres personajes: el esposo, un músico que vive encerrado en su propio universo a pesar de estar en una relación; una joven florista que ha quedado embarazada, en abierta contradicción con su deseo de no tener hijos; y una terapeuta de parejas y especialista en acompañamiento prenatal que media entre ambos.

Héctor Aníbal ratifica aquí su enorme valor interpretativo e interactúa con Judith Rodríguez en una lección de actuación a dos voces que figura entre las más logradas que hemos visto recientemente en el cine dominicano.

Igualmente destacable, al más alto nivel, es el trabajo de Isabel Spencer, quien se luce por su ritmo, naturalidad y elocuencia, ofreciendo además una de las más impactantes presencias visuales de la película, gracias a la expresividad y elegancia de su imagen afrocaribeña.

El guion sabe afrontar la limitación de personajes y del espacio en que se desarrolla la acción, evitando el tedio o el aburrimiento mediante una constante confrontación de criterios profundamente disímiles dentro de la pareja. Esa tensión dramática mantiene vivo el interés del espectador y dota a la historia de una intensidad emocional sostenida.

Sinopsis breve

Un músico y una florista de mediana edad esperan su primer hijo, pero un recuerdo del pasado los obliga a cuestionar si realmente terminaron juntos por amor o por costumbre.

Calificación: 4  y ½ estrellas de cinco.

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