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Henri Hebrard defiende el contrato con Barrick Pueblo Viejo y asegura que Estado recibirá mayores ingresos por los altos precios del oro

 


- El economista Henri Hebrard defendió de manera enfática la solidez y

conveniencia del contrato suscrito entre el Estado dominicano y la empresa Barrick Pueblo

Viejo, al abordar el tema de los ingresos extraordinarios que percibe el país por el alza histórica

de los precios internacionales del oro.

Durante una exposición en el programa Propuesta de la Noche, conducido por el periodista

Manuel Jiménez y transmitido por Teleimpacto, Hebrard calificó como “leyendas urbanas” las

afirmaciones que sostienen que la República Dominicana estaría dejando de percibir miles de

millones de pesos por no revisar el contrato minero, a propósito del llamado “boom” del metal

precioso.

El economista contextualizó el debate recordando que la minería en el país arrastra un pesado

historial ambiental y financiero desde décadas pasadas, lo que explica —dijo— la suspicacia

que todavía genera en sectores de la opinión pública.

Sin embargo, subrayó que la reapertura de la mina de Pueblo Viejo en Cotuí, a partir de 2013,

se produjo bajo un esquema contractual sustancialmente distinto, que ha sido objeto de dos

enmiendas clave.

La primera modificación, explicó Hebrard, se realizó en 2009 durante la administración del

presidente Leonel Fernández, en medio de la crisis financiera mundial.

Su objetivo fue asegurar que la inversión se materializara, lo que permitió que una de las pocas

grandes inversiones ejecutadas en América Latina ese año fuera precisamente la construcción

de las actuales instalaciones de Pueblo Viejo.

La segunda enmienda, en 2013, bajo el gobierno de Danilo Medina, adelantó pagos fiscales y

fortaleció la participación del Estado en los beneficios.

Según detalló, el contrato parte del principio de que el Estado aporta el yacimiento, mientras

el socio privado asume la totalidad de la inversión —más de 4,000 millones de dólares—, el

riesgo operativo y la logística de exportación.

A cambio, la República Dominicana recibe, mediante diversas figuras fiscales, hasta un 50 % de

la renta minera generada, es decir, la diferencia entre los ingresos por venta y los costos de

producción.

Hebrard rechazó categóricamente la idea de que el país solo se beneficie hasta un precio

“tope” del oro fijado en el contrato original. “Eso es falso”, afirmó. Aclaró que, como ocurre en

todas las minas del mundo, el precio del oro se rige por el mercado internacional —con

referencia en Londres—, por lo que cada incremento en la cotización se traduce

automáticamente en mayores exportaciones y recaudaciones para el fisco dominicano.

Como evidencia, citó que en el último año las exportaciones de oro superaron los 2,000

millones de dólares, con un crecimiento cercano al 60 %, mientras que las recaudaciones

fiscales asociadas aumentaron en más de 150 %.

Estos ingresos provienen de cuatro mecanismos principales: una regalía del 3.2 % sobre el

valor exportado, el impuesto sobre la renta, una participación adicional sobre las utilidades

netas y un impuesto mínimo anualizado introducido en la renegociación de 2013.

 

Este último instrumento, explicó, funciona como una “póliza de seguro” para el Estado, ya que

garantiza que, aun en escenarios de costos elevados o ineficiencias operativas, el fisco reciba al

menos el 90 % de lo proyectado en función de los precios internacionales del oro.

Para Hebrard, más que reabrir el debate sobre el contrato, la discusión central debe enfocarse

en el uso de los recursos extraordinarios que hoy recibe el país.

“El oro no se reproduce”, advirtió, al comparar la minería con actividades agrícolas. En ese

sentido, respaldó la idea de establecer mecanismos legales que aseguren que estos ingresos se

destinen a programas estratégicos y de largo plazo, conscientes de que se trata de un recurso

finito.

El economista concluyó señalando que el contrato dominicano es citado como modelo por

firmas internacionales y que, lejos de perjudicar al país, está permitiendo aprovechar de

manera significativa uno de los ciclos más favorables del mercado del oro en décadas.

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