EL PENSÓDROMO
Por Raphy D Oleo
El concierto aniversario de Ramón Orlando, previsto para el 23 de septiembre en el Estadio Olímpico, no debe verse como una prueba de fuego, sino como el reconocimiento a un extraordinario artista cuya obra, a mi juicio, no siempre ha contado con una estrategia de manejo capaz de proyectar toda su trascendencia.
El espectáculo representa una interesante oportunidad para analizar el mercado dominicano de la música y el entretenimiento. Ramón Orlando no necesita tener actualmente un tema pegado para movilizar público. Su principal fortaleza está en cinco décadas de éxitos, en la nostalgia y en una memoria musical construida por varias generaciones.
Sin embargo, catorce meses de promoción para un mismo evento constituyen un período demasiado prolongado y pueden provocar desgaste. La estrategia debió concentrarse especialmente en los Baby Boomers, la Generación X y los Millennials, segmentos que representan aproximadamente el 55 % de la población y donde se encuentra buena parte del público natural del merengue.
Son generaciones que crecieron con la radio musical, los clubes, las discotecas y los grandes conciertos. Allí confluyen nostalgia, capacidad económica, deseos de entretenimiento y una cultura musical que permite reunir en un mismo escenario a quienes vivieron esos éxitos y a quienes los heredaron.
La promoción también pudo aprovechar más la historia del maestro: cómo nacieron sus canciones, las circunstancias que rodearon sus grandes éxitos y las anécdotas junto a los artistas con quienes ha trabajado. Memoria, historias y legado debieron constituir el principal soporte emocional del espectáculo.
El verdadero desafío no es determinar si Ramón Orlando puede llenar el Estadio Olímpico, sino convertir 50 años de música en una experiencia capaz de movilizar a varias generaciones. Cambiar ahora la fecha o el escenario sería un error. Ramón Orlando debe asumir el reto: su talento, trayectoria y perseverancia justifican llegar hasta el final.
Es preferible asumir el riesgo de un fracaso que guillotinar prematuramente un triunfo.


