Este desfile nacional transformó el carnaval dominicano
en todos los pueblos del país, convirtiéndose en una
conquista social de los sectores populares, a tal punto,
que el único lugar del mundo donde se celebra un desfile
nacional de carnaval es en nuestro país.
El triunfo de la gesta restauradora de 1865 señaló los caminos
del progreso y la modernización del país. Los pueblos se
convirtieron en ciudades, pero estaban aisladas en enclaves
geográficos por los obstáculos de la comunicación, los cuales
fueron impactados por la dictadura laicista, la ocupación
norteamericana de 1916-24 y la dictadura trujillista, que
contribuyeron con carreteras y puentes para una comunicación
nacional.
El carnaval no era ajeno a este proceso, sus dimensiones
expansionistas eran locales, el intercambio entre ellos era una
ilusión y más remoto aún era la osadía de las posibilidades de
un intercambio nacional.
Iván Domínguez y Dagoberto presentaron un reportaje sobre el
calentamiento del carnaval de Gualey, popular barrio de la
ciudad de Santo Domingo, en el programa de televisión "Otra
vez con Yaqui" donde Anita Ontiveiro era la editora y la Dra.
Milagros Ortiz Bosch era la guionista.
Milagros Ortiz Bosch, mujer excepcional, de fino olfato político,
al ver la grabación que habíamos realizado, expresó su
admiración y su trascendencia a José Francisco Peña Gómez y
luego a Rafael Suberví Bonilla, cuando era secretario de
Estado de Turismo sobre la necesidad de que el Gobierno
realizara una revalorización de esta manifestación de la cultura
popular con una política explícita de Estado.
Con una nueva visión político-ideológica, este grupo definió
como propuesta el apoyo del Estado a los carnavales locales y
la de organizar anualmente un desfile nacional que incluyera la
presencia de todos los carnavales del país en un mismo
escenario, (escogiéndose al Malecón de la ciudad de Santo
Domingo) para que se pudiera apreciar la riqueza y la
diversidad nacional del carnaval dominicano.
Esta propuesta del desfile de carnaval fue el resultado de
conceptualizaciones elaboradas colectivamente. En este nuevo
modelo de carnaval se consideró lo siguiente: a). – Que el
carnaval era una de las manifestaciones colectiva y
trascendente de la cultura popular dominicana. b). – Que el
carnaval era una actividad donde el protagonista era el pueblo
y por lo tanto, el Estado tenía que apoyarlo económica,
estratégicamente y respetarlo como un derecho a la alegría. c).
– Que, en ese apoyo, los sujetos eran los sectores populares y
el Estado tenía que respetar la libertad de la creatividad, sus
dimensiones democráticas, sus contenidos y su poder
contestatario a través de la sátira, el arte, la fantasía, sus
expresiones de tradición, identidad y la magia de la fantasía. d).
– Que el carnaval era un espacio de resistencia expresión para
la afirmación y valorización de esencias de la dominicanidad.
Con estas bases se elaboró la siguiente propuesta:
El Estado, a través de los ayuntamientos y el Ministerio de
Turismo, debían apoyar económicamente a los carnavaleros
populares.
Hasta ese momento (1982) todos los carnavales, copiando de
Europa, tenían como estandarte al Rey Momo como figura
central. En una redefinición de identidad, desde ese momento
el rey del Desfile Nacional de Carnaval pasó a ser Califé,
personaje simbólico del contenido crítico y contestatario del
carnaval.
Las carrozas, reminiscencia del corso florido de la élite, que
implicaban inversiones muy altas económicamente, pasaron a
ser figuras secundarias, decorativas, incluso fueron excluidas
de las premiaciones.
En las premiaciones, las comparsas y personajes individuales
desfilaban a pie, donde se definieron categorías populares
como los diablos cojuelos, creatividad popular, etc.
Todos los pueblos tenían el derecho de participar en el desfile
nacional, sin ningún tipo de discriminación, en total libertad de
personajes y de contenidos.
El jurado debía estar compuesto por personas conocedoras y
ligadas al carnaval, sin complacencias ni discriminaciones
ideológicas, políticas, con una visión nacional.
Se creó el concurso para escoger el tema musical y el de
fotografías. Luego fue instituido el Premio Nacional Felipe
Abreu para el reconocimiento de los sectores populares.
Tal como hemos escrito con anterioridad, la propuesta del
Desfile Nacional de Carnaval no fue una simple decisión
superficial, sino una nueva definición política del Estado en
relación con esta actividad cultural. El rey del Desfile Nacional
de Carnaval fue definido la figura de Califé como una
conceptualización ideológica descolonizadora para darle
identidad y dominicanización. El Califé tradicional es un
personaje contestatario, crítico, considerado por nosotros como
"conciencia del carnaval". El símbolo de Califé es el sombrero
exagerado y el frac como sátira y esencia de carnaval. Cada
diseñador está en libertad de recrear el sombrero y el frac. Su
abandono es la eliminación del personaje. Este año el vestuario
del rey no tiene nada que ver con Califé, con un maquillaje
cuestionado. ¿En qué base el Ministerio permitió esta osadía lo
mismo que la eliminación del acto de la coronación por vez
primera en 51 años?
En el 2002, el presidente Hipólito Mejía, con el decreto núm.
602-02, creó la Comisión Nacional de Carnaval integrada por
diversas instituciones del Estado, cuya responsabilidad era la
organización del desfile nacional de carnaval. Dos años
después, en el 2004, el presidente Leonel Fernández emitió el
decreto núm. 1330.04, redefiniendo la Comisión Nacional de
Carnaval como dependencia del Ministerio de Cultura y
reafirmando que la Comisión tenía la responsabilidad de la
organización del desfile nacional de carnaval. Este decreto ha
sido proscrito en los últimos años.
Este desfile nacional transformó el carnaval dominicano en
todos los pueblos del país, convirtiéndose en una conquista
social de los sectores populares, a tal punto, que el único lugar
del mundo donde se celebra un desfile nacional de carnaval es
en nuestro país, por eso es un patrimonio dominicano y un
orgullo nacional, razón por lo cual no debe desnaturalizarse sin
un proceso colectivo de discusión, sin cambios por capricho de
ninguna institución.

