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“8 de abril: memoria, dolor y una justicia que aún no llega”



 Por Freddy Fariña


Se acerca el 8 de abril, una fecha que no pasa desapercibida en la memoria colectiva de la República Dominicana. Es un día que nos retrotrae a aquella noche fatídica en la que el techo de la emblemática discoteca Jet Set se desplomó, dejando atrapadas bajo los escombros a más de 500 personas. De ellas, 236 perdieron la vida, en una tragedia que marcó para siempre a cientos de familias y a todo un país.


Entre las víctimas se encontraba el destacado merenguero Rubby Pérez, conocido como “la voz más alta del merengue”, quien en ese momento amenizaba la fiesta. Su partida no solo enlutó al mundo artístico, sino que simbolizó el alcance devastador de aquella noche en la que la música se convirtió en silencio y el gozo en luto.


A casi un año de la tragedia, el dolor sigue intacto. Las lágrimas no se han secado, y las preguntas continúan sin respuestas claras. Recientemente, se celebró otra audiencia en la que el propietario del establecimiento, Antonio Espaillat, junto a sus abogados, se reunió con los querellantes y sus representantes legales. En dicho encuentro, se le concedió al imputado la realización de un peritaje de los escombros.


Pero surge una interrogante que resuena con fuerza en la conciencia de los familiares de las víctimas: ¿qué peritaje puede hacerse a estas alturas, cuando los escombros ya no existen? Esta decisión ha generado indignación y desconcierto, alimentando la percepción de que el proceso judicial avanza con lentitud y, en algunos casos, sin el rigor que la magnitud del hecho exige.


Mientras tanto, los familiares de los fallecidos claman justicia. Sus voces, cargadas de dolor, se elevan en medios de comunicación y redes sociales, donde expresan no solo su tristeza, sino también su frustración. Algunos incluso confiesan que la esperanza comienza a desvanecerse, al sentir que la ley no actúa con la firmeza esperada ante una tragedia de tal magnitud.


La discoteca Jet Set, que durante más de 40 años fue un lugar de entretenimiento para dominicanos y extranjeros, hoy es símbolo de duelo, de negligencia —según muchos señalan— y de una herida abierta que aún no cicatriza.


En este primer aniversario, no solo se recuerda a los que partieron, sino que también se renueva el clamor por justicia. Porque un país que olvida, repite; pero un país que recuerda y exige, tiene la oportunidad de cambiar su historia.


El 8 de abril no es solo una fecha. Es un recordatorio de vidas truncadas, de familias incompletas y de una deuda pendiente con la justicia que aún espera ser saldada.

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