Entre héroes, trabajo y tradiciones, el Lic. Sandy Joel de
los Santos destaca el legado histórico de la provincia y la necesidad de
construir un futuro más justo y solidario para su gente.
Monte Plata es una tierra bendecida, rica en historia, en
valores y en gente trabajadora. Su legado, forjado con sacrificio y esperanza,
la convierte en una de las provincias más significativas de la República
Dominicana.
Inspirado en la obra Historia Documental y Fotográfica de la
Provincia de Monte Plata, escrita por los hermanos Héctor y Francisco Zambrano,
he podido conocer con orgullo cómo este pueblo ha resistido, progresado y
dejado una huella imborrable en la memoria nacional.
Hoy comparto estas líneas, no desde un discurso ni una
promesa, sino desde la voz sincera de un monteplatense que siente, ama y cree
en el poder de su gente para transformar su historia.
Un legado que nos enorgullece
Monte Plata es la única provincia del país que limita con
nueve provincias vecinas, símbolo de su posición estratégica y de su diversidad
cultural.
Desde Antoncí, municipio de Yamasá, nació el presidente
Fernando Arturo de Meriño (1833–1882), figura ilustre que llegó a ocupar la
primera magistratura del Estado dominicano.
En esa misma tierra también vio la luz el general Eusebio
Manzueta, héroe de la Restauración.
En 1950, el dictador Rafael Leónidas Trujillo levantó su
segunda casa de caoba en Sabana Grande de Boyá, evidencia del interés histórico
y económico en esta región.
La provincia también fue escenario de tragedias y de
glorias. La Tragedia de Río Verde (1948), que enlutó al país, quedó grabada en
su historia, al igual que el orgullo de haber sido hogar de Nelson de la Rosa
(“Nelsito”), el hombre más pequeño del mundo.
Monte Plata aportó leche y carne a los combatientes de la
Guerra Restauradora (1863) y la Guerra de Abril (1965). Fue tierra de heroísmo
con Josefa Brea, y cuna de la mártir campesina Florinda Soriano “Mamá Tingó”,
símbolo eterno de lucha y dignidad.
También fue pionera en innovación: la primera finca cercada
con alambre de púas (1879), la primera factoría de arroz (1917), la primera
panadería (1927) y, en 1978, el primer teléfono público del país, instalado en
Sabana Grande de Boyá.
Este mosaico de historia y sacrificio demuestra que Monte
Plata ha sido, y sigue siendo, una tierra de trabajo, valor y esperanza.
Una realidad que duele y desafía
He recorrido los cinco municipios y los siete distritos municipales
de Monte Plata, acompañando a su gente, escuchando sus historias y compartiendo
sus preocupaciones.
En cada visita he sentido orgullo, pero también un profundo
dolor: la falta de oportunidades que afecta especialmente a nuestra juventud.
Muchos jóvenes viven desorientados, no por falta de talento,
sino por la falta de espacios donde demostrar su capacidad.
La escasez de empleos, la limitada formación técnica, la
carencia de programas culturales y la migración forzada a la capital son heridas
que frenan el desarrollo de nuestra provincia.
Hablar de Monte Plata es hablar de una comunidad que lucha
cada día por salir adelante: de madres trabajadoras, de agricultores que no se
rinden y de jóvenes que sueñan con quedarse en su tierra, pero que muchas veces
se ven obligados a partir.
Esa es una realidad que nos duele, pero que también debe
impulsarnos a actuar desde el corazón, con solidaridad y compromiso colectivo.
Una Visión de Futuro para Monte Plata
El futuro de Monte Plata no se construye con palabras, sino
con acciones, unión y esperanza.
Por eso creo en una visión que ponga en el centro a la
gente, especialmente a la juventud, que representa la fuerza más noble y
prometedora de nuestra provincia.
1. Educación y formación técnica.
Promover la creación de espacios de aprendizaje práctico y
tecnológico que preparen a nuestros jóvenes para los retos del presente y del
mañana.
2. Emprendimiento y trabajo digno.
Apoyar las iniciativas locales, los oficios, la producción
agrícola y ganadera, así como el talento creativo de nuestra gente.
3. Cultura, deporte y comunidad.
Fortalecer los lazos de identidad, recuperar las
tradiciones, impulsar la música, el arte y el deporte como caminos hacia una
juventud más sana y esperanzada.
4. Tecnología e innovación.
Aprovechar las herramientas digitales para abrir nuevas
oportunidades de conocimiento, comunicación y emprendimiento.
5. Medioambiente y sostenibilidad.
Cuidar lo nuestro: nuestros ríos, montañas, suelos y
bosques. Enseñar a las nuevas generaciones a valorar lo que la naturaleza nos
ha regalado.
Monte Plata, una provincia que late con esperanza
Sueño con una Monte Plata solidaria, inclusiva y próspera, donde
el campo y la tecnología se unan, y donde cada joven tenga un motivo para
quedarse, crecer y contribuir.
Una provincia donde la fe, la educación y el trabajo se
conviertan en herramientas para transformar la realidad.
Monte Plata tiene una historia gloriosa que merece ser
contada, pero también un presente que nos llama a construir.
He visto la falta de oportunidades, pero también la
esperanza viva en los ojos de su gente.
Por eso, más que señalar, prefiero acompañar; más que
prometer, prefiero servir; y más que hablar, prefiero actuar con amor por mi
tierra.
Monte Plata es tierra de héroes, de luchadores y de
soñadores.
Y estoy convencido de que, con unión, respeto y fe,
seguiremos escribiendo juntos las páginas más hermosas de nuestra historia.
Lic. Sandy Joel de los Santos
Doliente de Monte Plata y promotor del desarrollo juvenil y
comunitario.