La empresa detrás de los lujosos autos de Karol G y Farruko


Rafael Mejías, propietario de Irenko Auto Sales, llegó a Miami hace 18 años desde su natal Venezuela, donde practicaba la venta de carros usados entre amigos y familiares. Con el apoyo de su suegro, a quien considera como su padre, exploró las distintas alternativas que le ofrecía la ciudad para montar un negocio. Asistió a conferencias y seminarios de franquicias y estuvo a punto de invertir en un local de comida rápida, pero no estaba convencido de hacerlo, porque no conocía el sector y no se sentía a gusto trabajando en un área en la que no tenía experiencia.

A pesar de las negociaciones adelantadas, decidieron no invertir en ese rubro. Mientras tanto, como muchos inmigrantes recién llegados a los Estados Unidos, trabajó en casi todo. Lavó carros, pintó casas, hizo plomería, limpió piscinas, y hasta en un lavadero a domicilio, comenta desde la oficina de su corporación ubicada en Doral, Florida.

“Un día llegué a pintar un cuarto en la casa de un cliente. Su esposa me preguntó si podía remodelar el cuarto de su hija que estaba por nacer. Yo le dije que sí, aunque no lo había hecho antes. El trabajo que era de tres días… duró dos semanas, pero ella veía que lo hacía con dedicación porque lo necesitaba y sobre todo les tenía que quedar bien”, cuenta Mejías.

Al terminar la remodelación, la familia le ofreció un empleo de chofer en sus tintorerías. Llegó a ser gerente de las cinco sucursales, pero aún así trabajaba todos los horarios y hacía el trabajo de cinco personas. “Cuando mi entonces jefe vendió su negocio, los nuevos dueños venían con su propio equipo, no me recontrataron y quedé desempleado. Allí conocí a otro señor que tenía una agencia de autos. Me dijo que necesitaba a alguien para limpiarlos y le dije “yo soy el indicado”.

Y así fue como llegó al local donde hoy funciona su negocio propio. Comenzó contratado por ocho horas diarias para lavar carros. Pero su deseo de progreso lo llevó a negociar con su empleador para entrar tres horas antes y retirarse tres horas después de su horario, para vender carros. “De 7 a 3 lavaba carros. Luego me cambiaba la ropa, me ponía unos jeans y una ‘camisita’ y hasta las 9 de la noche, vendía carros”. Al poco tiempo, el dueño lo promovió a vendedor y al año, en noviembre de 2008, el negocio quebró por problemas administrativos.

En ese entonces Rafael ya tenía cinco carros (de US$1,500 cada uno) y habló con los propietarios del local, quienes le tendieron la mano y le dieron dos meses ‘de gracia’ para pagar la renta. Con el apoyo de su esposa y de su suegro, consiguió su licencia y desde principios de diciembre de 2008 abrió sus puertas y vendió su primer carro (el que él mismo manejaba).

Nació de todos mis clientes venezolanos que por lo general tienen familiares que los vienen a visitar y me llamaban a preguntarme si conocía quién les pudiera alquilar un carro. Al principio los ayudaba buscándoles carros en sitios que alquilan carros. Hasta que entendí que ahí había una oportunidad de negocio y la implementé.

¿Qué mensaje le puede dar a quién desea emprender su negocio en la Florida?

“Primero que tengan mucho cuidado. Segundo, que tienen que montar algo que conozcan. Yo siempre he escuchado que lo mejor es hacer algo que sepas hacer y que puedas salir adelante en el momento que te falte algo. Pero sobretodo, hay que ponerle todo el corazón a lo que hagas. Nada es imposible. Yo soy la prueba.

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