Creer!....y, en quién?

Señor director:

En días pasado, cuando por costumbre y deber llevo a mi madre al médico, a fin de hacerle un chequeo rutinario sobre su estado de salud.

Nos dirigimos, luego del deber cumplido, a un Centro Comercial a degustar un de nuestros platos preferidos, producto  del apetito que nos abrió nuestra larga cita médica.

Sentadas, las dos al lugar y, cuando ya llevábamos varios minutos compartiendo, llega una joven madre con su niño en brazo y bajo sus hombros, el bulto de bebe, en el que, me imagino, lleva todos sus ajuares para cualquier necesidad y emergencia del infante.

Me quedo observándola, porque en verdad no sabía cómo sentarse, al tener al niño en sus brazos y, al mismo tiempo, cartera en mano y bulto bajos sus hombros.

Cuando pidió lo que deseaba, no encuentra la forma cómo degustarlo. Tomó varios minutos arreglando al bebé para así satisfacer su deseoso apetito.

En un minuto pensé que todo se le iba al  piso; pero cuando chequeo que está atribulada me acerco a ella
para ayudarla  con el bebé. Esta acción la medité un buen rato porque me imaginaba que se iba a negar, el cual fue positivo.

Al llegar a ella le pregunto: ¿Te ayudo? La abnegada madre se queda perpleja mirándome como si  fuera hacerle algún daño. Titubeando y asustadiza me dice un NO….gracias, con voz temblorosa.

Sentí gran pena al creer que le iba hacerle daño al infante; mas,  la comprendí. Mi intención era hacerla sentir bien y por consiguiente, que disfrutara con holgura su apetitoso manjar.

Me dirijo a mi mesa y mi madre me pregunta qué pasó. Le  dije que simplemente quería ayudarla.

Sufrí una gran decepción y, al mismo tiempo, una experiencia que jamás podría repetir; sin embargo, la comprendí.

Estamos viviendo en un mundo de descreimiento,   latente en cada dominicano que se acerca a nuestro lado; producto, naturalmente,  de la alta escena delincuencial que cada día se apodera de toda la sociedad dominicana.
  
Las violaciones, los atracos a mano armada, robos, asesinatos, violaciones, es el plato fuerte de todos los medios de comunicación que, cada día ganan terreno en nuestra sociedad y, en el que las autoridades,  no encuentran la forma de cómo controlar este flagelo

Termino, diciendo que,  estamos en una sociedad en que, cada segundo que pasa,  nos asustamos hasta de nuestra propia sombra; y el creer en los demás, es como mencionar un San Antonio: Creer ¡…y, en quien?

Atentamente,



Anneris Hernández Ortega

Periodista
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