En una emotiva y trascendental alocución pronunciada en la
tribuna del Senado de la República, el legislador Ramón Rogelio Genao abordó
con absoluta solemnidad, hidalguía y elocuencia la reciente dimisión de su
primogénito, el diputado Rogelio Alfonso Genao Lanza, quien formalizó su
separación de las filas del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) el
pasado 24 de octubre.
Con el aplomo que caracteriza su trayectoria legislativa,
pero con una indudable fibra afectiva latente en sus palabras, el senador
comenzó su disertación desglosando el inevitable acontecimiento que marca un
hito en la dinámica política contemporánea del país.
"Me refiero a la renuncia del Partido Reformista Social
Cristiano del diputado Rogelio Alfonso Genao Lanza el pasado 24 de octubre, que
presentó su renuncia y dejó de ser miembro del Partido Reformista Social
Cristiano", precisó en su intervención, el parlamentario.
Lejos de adoptar una postura de distanciamiento o censura,
el senador Genao tejió un firme puente entre la dignidad de la función pública
y la inalienable responsabilidad afectiva.
Al referirse a la figura del legislador dimitente, evocó la
esencia más intima e inquebrantable de la condición humana:
"Con ese legislador nos une un vínculo indivisible que
es la paternidad: es mi hijo".
En ese contexto, el congresista fue enfático en deslindar la
evaluación política de los imperativos del alma, asegurando que el actuar de su
vástago responde a la madurez y prudencia de un ciudadano plenamente realizado
en el ejercicio de sus facultades democráticas: "Quiero decir aquí para no
tener que repetirlo más, que como político respetamos su decisión. La
respetamos porque es un político con su perfil propio, con sus decisiones, un
adulto formado y que ha asumido la carrera política con responsabilidad. La
respetamos; y como padre, la apoyamos total y plenamente".
Elevando su discurso hacia una profunda reflexión filosófica
sobre los roles que el individuo desempeña en la sociedad, el legislador invitó
al auditorio a sopesar la balanza de los deberes fundamentales.
En un pasaje impregnado de vehemencia, manifestó que si bien
el compromiso público reviste singular trascendencia, la devoción filial y
paterna ocupa el pedestal supremo en el orden existencial:
"Si se nos preguntara cuál de los roles es más
importante para nosotros como persona, si el de político o el de padre, sin
dudarlo lo que pesa más para nosotros es la paternidad, que solamente
subordinamos en la escala de lo multifacético que somos los seres humanos a la
de ser hijo. Hijo es lo primero: hijo de nuestros padres, de nuestra patria, de
nuestra fe".
Con este axioma, el parlamentario dejó en claro que ningún
dogma partidario ni aspiración institucional prevalecerá jamás sobre la
sacrosanta unión de la familia, reafirmando su irrestricto respaldo a la
decisión adoptada por su vástago tras una fructífera etapa parlamentaria.
Para culminar su alocución, el senador Rogelio Genao reiteró
su fe inquebrantable en los ideales que han guíado su andar ciudadano y
ratificó su firme permanencia en el partido que ha sido su casa política
durante más de tres décadas de incansable militancia.
En una conmovedora alegoría visual y simbólica, el
congresista señaló las insignias que ostentaba con orgullo sobre su pecho en el
hemiciclo: "En nuestro caso, nosotros seguimos siendo reformistas. Es la
primera vez, pero hoy vine con dos escudos: en mi izquierda tengo el Escudo
Nacional y en mi derecha el escudo del Partido Reformista Social
Cristiano".
Con estas emotivas palabras, el senador concluyó un discurso
que no solo quedará grabado en los anales del Congreso Nacional por su agudeza
política, sino también por el entrañable e inquebrantable testimonio de amor
paternal ofrecido ante la nación.

